Anecdotario de un ciudadano enamorado de su ciudad
… pero cuando no te hacen caso, el más radical puede llegar a esto. Imagino que hartos deben estar los vecinos de esta calle para llegar a este extremo.
No son pocos los caracoles que encontramos en la Catedral si nos fijamos muy muy bien tanto en el interior como en el exterior. Los encontramos pintados, tallados en piedra, en madera o incluso bordados.
Los más grandes los encontramos en el exterior. Son de piedra y están en lo alto de dos torres. Varias son las leyendas que explican su existencia. Una de las más populares dice que es debido a que el escultor descubrió las infidelidades de su mujer y la mejor forma de avergonzarla (o quizás como terapia psicológica) fue esculpir animales con cuernos. En este caso fueron caracoles como bien pudiera haber sido toros o ciervos. La otra leyenda dice que es en conmemoración de una gran plaga de caracoles que vivió la ciudad en la Edad Media.
La auténtica razón de esas dos grandes representaciones del caracol en la Catedral es que, según el canónigo Martí i Bonet, justo debajo se encuentra una escalera de caracol y es una forma de orientar a los que transitan por sus terrados.

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Recupero uno de los primeros posts de este blog. Por aquel entonces mostraba un error tipográfico que me hizo mucha gracia. Se trata de las típicas tapas de metal que encontramos en el suelo de las aceras de cualquier calle. Es este caso es la tapa que protege no-se-qué del alumbrado público… y les ha bailado una L. Es lo que tiene escribir rápido y no revisarlo después. Podeís verlo en la calle Tuset.

En General Mitre esquina con la calle Modolell encontramos un edificio industrial “tomada” por los piratas. Para muestra su bandera.
Voy poco en autobús, muy poco. Hoy lo he tenido que utilizar y me ha sorprendido el sistema para accionar no-se-qué (¿la puerta?). Se trata de un dispositivo localizado en el techo del autobús en el que has de seguir las instrucciones que indican. Hasta aquí todo correcto pero…. con mis 1.82 m de altura llegaría a accionarlo si me pongo de puntillas. No me imagino a nadie agachándose de cuatro patas y dejando que alguien se suba en su lomo, y menos en un caso de emergencia. ¿Qué es lo que me he perdido?
En algunas pocas calles de Barcelona podemos encontrar pilones como el de la foto. Este en concreto está en la calle Ciutat de Granada, en Poblenou. Aunque no funcione todavía, hace bonito.
Sólo se ha de conectar el enchufe que incorpora el coche eléctrico y esperar a que se carguen las baterías. El problema es que todavía faltan esos coches.
… en el Parc de la Ciutadella.