Anecdotario de un ciudadano enamorado de su ciudad
Aquí teneis unas entradas originales de la Exposición Universal de Barcelona de 1929.
En el reverso de alguna de ellas se puede leer “No tire Vd. esta entrada. Por la prensa sabrá la utilidad que puede reportarle”, “Guarde Vd. cuidadosamente esta entrada y después de la inauguración del Certamen tendrá una grata sorpresa” o ” Aconsejamos a Vd. que visite en el recinto del Pueblo Español los dioramas y los cuadros del Quijote”.


Maza que llevan como insignia los maceros de la Ciudad como senyal de dignidad ante las autoridades del municipio. Los maceros representan los porteros o abridores del camino de una comitiva municipal.
Está hecha con plata maciza y esmaltes. Corresponde a 1900-1915.

Llave conmemorativa del Saló de Cent construida en 1373 y restaurada en 1929.

Si nos adentramos en al call judío, en la calle Sant Domènec del Call, 6 encontraremos la casa más antigua de Barcelona, ya que estaba habitada en el s. XII.
Pasó por toda suerte de visicitudes, incluído su utilización como burdel durante la postguerra.
En el año 2000 fue reformada para un particular que la quería como domicilio privado.
Llama mucho la atención la inclinación de las paredes de la fachada perfectamente visibles por el peatón, una consecuencia del terremoto de 1428.
2005

… 2040 ¿?


En 1872 un filántropo inglés, Sir Richard Wallace, decidió encargar al escultor francés Charles Lebourg un modelo de fuente que simbolizase la paz duradera entre los pueblos. Creó éste una fuente urbana donde cuatro cariátides femeninas sostenían una cúpula con cuatro peces de la que mana agua.
Wallace las encargó a centenares y a Barcelona, con motivo de la Exposición Universal de 1888, le correspondieron doce de las que sobreviven tres. Una se encuentra en la Rambla de Santa Mònica, delante del pasaje que conduce al Museu de Cera. Las otras dos se hallan en la Gran Via, junto al Paaseo de Gràcia y delante de la Sociedad General de Aguas, en la calle Diputació, junto al Paseo de Sant Joan.
Luego se colocaron otros modelos de imitación, que no resisten la comparación con la ideada por el francés Lebourg.
Texto de J.M. Huertas