Anecdotario de un ciudadano enamorado de su ciudad
De las dos compañías de alumbrado de gas que existían en Barcelona a finales del siglo XIX, esta era la más moderna. Sus instalaciones en el Bogatell alcanzaban un kilómetro de longitud.
En la calle Balmes esquina Gran Via estaban las oficinas, actualmente pertenecientes a una compañia de seguros.

En la fachada del Palau de la Generalitat que da al carrer del Bisbe podemos ver una gran ornamentación de estilo gótico tardío.
Salta a la vista un gran medallón bellamente esculpido por Pere Joan.
Es la representación más antigua de un Sant Jordi de toda la confederación catalano-aragonesa.
Incendio de los Grandes Almacenes El Siglo, de las Ramblas de Barcelona, en 1932
Fueron los primeros almacenes de este tipo que aparecieron en Barcelona y se inauguraron en 1878.
Patrícia Faciabén, Licenciada en Geografía por la UB, reseña que fueron “recordados como un magnifico exponente de la potencialidad mercantil barcelonesa, El Siglo significa algo más que un establecimiento comercial, era motivo de orgullo para los ciudadanos. Tenía siete pisos y una superficie de 149.464 palmos cuadrados de planta, distribuidos entre los números 10, 12 y 14 de la antigua Rambla dels Estudis. Su destrucción a causa de un gran incendio en el año 1932, forzó el traslado a otra calle céntrica y de gran accesibilidad, la calle Pelai, concretamente en el nº 54, donde existía ya un edificio comercial conocido con el nombre de Can Damians, que había sido construido en 1915; se trata del establecimiento donde se encuentra actualmente los almacenes C&A.”
Mucho se ha hablado sobre las causas del incendio. Que si accidentes, que si confabulaciones, que si intereses inmobiliarios… ya se sabe. Pero el periodista Lluís Permanyer me contaba a modo de “exclusiva” que el verdadero motivo fue el siguiente:
En uno de los escaparates del comercio tenían, a modo de atracción comercial, un pequeño tren en miniatura que lo recorría entre los artículos expuestos. Con el fin de darle más realismo, se cargaron algunos vagones con carbón y pequeños paquetes simulando regalos. A la hora de cerrar el local, se les olvidó apagar la locomotora que continuó dando vueltas y más vueltas a su recorrido. El exceso de peso de sus vagones provocó un sobrecalentamiento del motor del tren hasta que se incendió. Ese pequeño fuego pasó a las cortinas del escaparate, a los artículos, a las estanterías de madera y así hasta incendiar todo el edificio en uno de los incendios más notables que se recuerda en Barcelona.
Estación de funicular de Vallvidrera poco después de su inauguración en 1906.