Publicado en : Militar

  • Mar
    05

    El Polvorí­n de Montjuïc


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    Este antiguo arsenal de piedra, situado al oesta de la montaña de Montjuïc, se construyó en 1752 según unas fuentes o en 1773 según indica una cartel sobre el dintel de la puerta. Podía albergar unos 4.000 quintales de pólvora y su finalidad era abastecer a los dos cañones que se encontraban en la torre de la desembocadura del río Llobregat.

    El Polvorí­n de Montjuïc

    Tiene forma rectangular de 40×15 metros y una sola planta con contrafuertes exteriores. Además, un muro exterior rodea su perímetro.

    El Ayuntamiento de Barcelona adquirió el edificio en 2005 tras encontrarse durante muchos años abandonado y en deplorables condiciones. Acutalmente está instalada la compañía Teatro de los Sentidos.

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  • Mar
    17

    La escuadra inglesa en Barcelona (1908)


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    En agosto de 1908 llegó al puerto de Barcelona la división de la escuadra inglesa del Mediterráneo, encabezada por el almirante Drury y de la que era vicealmirante el prí­ncipe Luis de Battenberg, tí­o de la reina de España Victoria Eugenia. Anclaron dentro del puerto el acorazado Queen, el también acorazado Prince of Wales y el crucero Bacchante. Quedaron fuera los acorazados Glory y Golliath y los cruceros Suffolk y Lancaster. Aquella tarde de verano nadie desembarcó.

    La escuadra inglesa en Barcelona (1908)
    Entrada del buque almirante Queen en el puerto

    A la mañana siguiente, el almirante Drury hizo las visitas oficiales al gobernador civil, al alcalde, al capitán general y al comandante de Marina. En el Ayuntamiento fueron recibidos por el alcalde accidental Sr. Bastardas y varios concejales y aprovecharon para enseñarles el edificio y sus salas, deteniéndose especialmente en el Saló de Cent. Por la tarde, las autoridades municipales devolvieron la visita al almirante en su buque.

    El dí­a siguiente lo dedicaron, el almirante Drury y el prí­ncipe de Battenberg, a visitar la catedral a la cual le dedicaron grandes elogios y por la tarde, acompañados por sus oficiales y por el alcalde, visitaron en coche de caballos el Parque de la Ciudadela y el Tibidabo después, en donde el Ayuntamiento les obsequió con un banquete al que asistieron 200 comensales entre los que habí­a autoridades, empresarios, representantes locales e incluso el comandante del crucero alemán Victoria Luisa atracado el dí­a antes.

    El almirante correspondió a las autoridades con otro espléndido banquete al dí­a siguiente, jueves, por la noche que se celebró a bordo del acorazado Queen.

    La escuadra inglesa estuvo amarrada en el puerto de Barcelona cinco dí­as, de lunes a viernes.

    La escuadra inglesa en Barcelona (1908)
    El almirante Drury, acompañado del jefe de estado mayor de la escuadra, de un ayudante y del vicecónsul Mr. Witry a la salida de su visita al Ayuntamiento

    Para quien le pueda interesar, añado algunos datos de los buques que componí­an la escuadra.
    Los acorazados Queen y Prince of Wales se botaron en 1902, tení­an el casco de acero y medí­an 122 metros de eslora, 22,85 de manga y 8,15 de punta desplazando 15.000 toneladas. Estaban dotados de dos máquinas de 15.000 caballos cada una que desarrollaban una marcha de 18 millas por hora, y su radio de acción era de 8.000 millas. Su armamento consistí­a de cuatro cañones de 30,5cm que podí­an hacer dos disparos por minuto con proyectiles de 850 libras en doce piezas de 15,2 instaladas en las casamatas, dieciseis de 7,6, seis de 47mm y dos tubos lanzatorpedos. La tripulación de cada uno estaba compuesta por 790 hombres.

    La escuadra inglesa en Barcelona (1908)
    Los buques de la escuadra anclados fuera del puerto

    Los acorazados Glory y Golliath desplazaban 13.850 toneladas. Fueron botados en 1898 y en 1899 respectivamente. medí­an 119 metros de eslora, 22,60 de manga y 7,90 de puntal. Sus dos máquinas de 13.500 caballos desarrollaban una velocidad de 18 millas. Su radio de acción era también de 8.000 milas y montaban cada uno cuatro piezas de 30,5cm, situadas dos a proa y dos a popa; doce de 15,2 de tiro rápido instaladas en las casamatas; diez de 76mm, tres de 47, ocho ametralladoras y cuatro tubos lanzatorpedos. 750 marineros formaban la tripulación.
    El crucero acorazado Bacchante fue botado en 1901, desplazaba 12.500 toneladas con máquinas que desarrollaban 21.000 caballos a 21 millas por hora. Tení­a montados dos cañones de 23,4 cm, doce de 15,2, doce de 76 mm, tres de 47 y dos tubos lanzatorpedos. La tripulación se componí­a de 750 hombres.
    Los cruceros Suffolk y Lancaster, ambos botados en 1902, medí­an 138 metros de eslora, 20 de manga y 7,70 de puntal desplazando 9.800 toneladas. Sus máquinas desarrollaban 22.000 caballos de fuerza a 23 millas por hora. Su artillerí­a consistí­a en catorce cañones de 15,2 cm, diez de 16, tres de 47 mm y dos tubos lanzatorpedos. Llevaban 600 tripulantes cada uno.

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  • Ene
    11

    El trágico final del coronel Blas de Durana


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    En 1855 varios ciudadanos fueron testigos de un brutal asesinato pasional frente al número veintiuno de la calle Unión de Barcelona.

    El coronel de infanterí­a del 5º Batallón de Cazadores de Tarifa, Blas de Durana y natural de Vitoria se enamoró locamente de la baronesa de Senaller, Dolors Parrella de Plandolit que a pesar de residir en la Seu d’Urgell, vení­a a menudo a Barcelona para asistir a actos sociales y visitar a su familia. Tal era la insistencia del militar que el marido de la baronesa solicitó al capitán general Zapatero que interviniera, desterrándolo a Lugo. Aún así­, Durana, obsesionado con la baronesa, visitaba frecuentemente Barcelona con el fin de conseguir su amor que nunca fue correspondido.

    El fatí­dico dí­a del 19 de junio a las ocho de la tarde se disponí­a la baronesa a acudir al Liceo con su familia cuando, saliendo del palacete de su hermano, un joven de unos treinta años se le abalanzó asestándole una puñalada mortal en el pecho y encarnizándose con doce más por todo el cuerpo. Los gritos desesperados de la cuñada alertó al resto de familiares y vecinos que acudieron en el acto encontrándose al asesino, Blas de Durana, inmóvil, fuera de sí­, con el arma en la mano, la ropa y la cara ensangrentada y mirando a la moribunda señora. No se inmutó cuando le detuvieron. Levantó los brazos, dijo su nombre y rango y pidió que no le maniataran por ser jefe militar.

    El abogado más brillante de la ciudad, D. Paciano Massadas, aceptó llevar el caso ante la súplica de la madre ya que era amigo de la familia y compañero del colegio aunque nunca se llevó bien del todo con el detenido. Tení­a sólo veinticuatro horas, tiempo excepcionalmente corto en estos casos, para preparar su defensa e intentó convencer al jurado de que su cliente sufrí­a demencia mental transitoria excusando así­ su comportamiento de cuando intentó entrar en el Liceo a caballo además de otros altercados. De nada sirvió la petición de gracia de la madre y las hermanas del coronel a Isabel II ya que el tribunal militar lo condenó a garrote vil y al pago de seis mil reales a los hijos de la ví­ctima.

    Blas de Durana, hijo y hermano de militares, fue encarcelado en el castillo de Montjuïc donde su abogado le notificó la sentencia y escuchó con admirable serenidad. Aceptó la condena y nunca pensó en huir pero le atormentaba la idea de terminar sus dí­as como un vulgar asesino en el garrote vil y no morir fusilado como corresponde al honor de ser militar. Su última noche cenó en su celda acompañado de dos sacerdotes, un Oficial y un Capitán amigo suyo del cual se despidió con un efusivo abrazo antes de retirarse a dormir.

    El trágico final del coronel Blas de Durana

    Cuando a las cuatro de la madrugada fueron a despertarle para empezar con los preparativos de la ejecución, uno de los sacerdotes vio como Durana estaba preso de terribles convulsiones y ya nada se pudo hacer por su vida a pesar de los intentos de reanimación del médico. En una de las dos cartas encontradas a su lado explicaba que preferí­a morir envenenado con cianuro mercúrico que sufrir la deshonra del patí­bulo.

    A las ocho de la mañana la Esplanada de la Ciudadela, lugar habitual para ejecutar las sentencias a muerte, estaba abarrotada de ciudadanos que no querí­an perderse tal macabro acontecimiento y ya corrí­a el rumor de que realmente no se habí­a suicidado sino de que era una excusa para librarse del garrote. Cuatro reos llevaron al coronel en litera hasta el escenario y lo colocaron en el garrote tapándole los ojos y dando así­ muerte a un muerto.

    Como indica Manuel Bofarull en su libro “Crims i misteris de la Barcelona del segle XIX”, Blas de Durana fue enterrado en el nicho 3083 del cementerio Vell, justo al lado de su amada ya que el coronel lo tení­a todo previsto.

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